ACTIVIDADES-PRÁCTICAS:
Son las prácticas-actividades que tiene que saber hacer el alumnado para adquirir las capacidades propuestas en cada objetivo competencial. Y las técnicas didácticas que seleccionamos como la forma de abordar la enseñanza. Como señala Bernal (2006) la mejor actividad es la que, atendiendo al contexto, nos sirve para conseguir los objetivos que nos proponemos.
En cualquier caso, hemos de procurar diseñar actividades no sólo adecuadas al contexto, sino también variadas, comprensivas para el grupo y especialmente relevantes. Asimismo, hemos de diseñar actividades que favorezcan la reflexión, la experimentación… y permitan trabajar sobre situaciones reales, problemáticas... que tengan sentido para nuestro alumnado y estén relacionadas con las competencias profesionales de referencia.
Las
actividades
diagnósticas
o
introductorias
responden
básicamente
a
tres
propósitos:
Favorecer
el
conocimiento
mutuo
e
interacciones
entre
los
participantes
como
requisito
previo
para
conformar
un
auténtico
grupo
y
generar
un
clima
favorable
para
los
intercambios.
Clarificar
las
motivaciones,
intereses
y
expectativas
de
los
participantes
con
respecto
a
la
propuesta
formativa.
Desvelar
creencias,
teorías
y/o
conocimientos
previos
y
contextualizar
la
acción
docente.
Generar
curiosidad
y
ampliar
el
campo
de
la
motivación.
Activar
las
ideas
que
se
tienen
sobre
el
asunto
y
cuestionarlas.
Centrar
la
temática
y
aproximarse
al
objetivo.
Ejemplo de ello sería. Ronda de presentaciones, torbellino de ideas, etc.
Las
actividades
de
desarrollo
y
profundización
tienen
como
objetivo
básico:
Aproximar
a
los
participantes
al
contenido
de
la
formación
(conceptos,
procedimientos,
destrezas,
actitudes).
Facilitar
nuevas
informaciones.
Poner
en
común
las
ideas
y
debatirlas.
Construir
sobre
lo
que
ya
se
sabe…
En nuestro contexto solemos utilizar prácticas profesionales, trabajos en grupo, exposiciones, videos, debates, estudios de casos, etc.
El propósito final de las actividades conclusivas o de cierre es asegurar y cerrar de manera significativa los diferentes procesos de aprendizaje desarrollados. Son actividades de carácter reflexivo (individuales/grupales) a través de las cuales los alumnos integran, relacionan y valoran los diferentes contenidos trabajados:
El diario de campo grupal, las fichas para la reflexión y el análisis o los mapas conceptuales son recursos para el desarrollo de estas actividades que permiten elaborar conclusiones y estructurar los aprendizajes.
Son ejemplos de este tipo de actividades las técnicas de puesta en común tras un trabajo en grupo (bien sean por exposición oral, gráfica o mímica), la elaboración de conclusiones por parte de un relator o el profesorado, el resumen de ideas claves del día/unidad/módulo y, por supuesto, las técnicas de evaluación.
Al diseñar una actividad, sea esta introductoria, de desarrollo o de cierre, debemos de tener en cuenta, como mínimo su objetivo, el contenido que pretende desarrollar, los recursos que necesita y la información necesaria para su abordaje.
Para cada contenido hay que elegir y describir la forma en que se va a trabajar en el aula, tratando de que las técnicas o actividades sean de lo más variadas posible: exposición magistral, trabajo de grupo, plenario, reflexión individual, debate, etc.
Las Técnicas son herramientas pedagógicas que facilitan el proceso de aprendizaje del grupo y el desarrollo de habilidades cognitivas y también afectivas. Se utilizan porque favorecen el conocimiento, desarrollan la eficacia y organización, facilitan la reflexión y creación de nuevas ideas, y nos ayudan a recuperar y reconocer la experiencia y a valorar lo aprendido.
Hay muchas técnicas o posibles actividades a desarrollar en el aula, lo importante es que tengas en cuenta los siguientes elementos y criterios para su elección y uso: el número de personas y sus características, el espacio y materiales de los que dispones, el tiempo que requiere y el momento del curso y del grupo, y tu propia experiencia en el manejo de la técnica..
RECURSOS DIDÁCTICOS:
Se trata de seleccionar los recursos en los que se apoyará y reforzará la actuación del profesorado en su intervención en el aula.
Entendemos por recursos didácticos todos aquellos materiales, medios didácticos, soportes físicos, actuaciones docentes, etc., que proporcionan ayuda al personal docente para desarrollar su actividad en el aula. La selección de los mismos debe tener en cuenta los criterios técnicos y pedagógicos.
Bien utilizados pueden servir para transmitir contenidos, de una manera motivadora, despertando el interés, para la reflexión e innovación, fomentando la creatividad e iniciativa del alumnado.
Prever cuáles son los recursos materiales, audiovisuales, técnicos, especiales, etc., necesarios para la realización de cada una de las técnicas previstas: desde las mesas en una determinada posición, las fotocopias de una ficha para el trabajo en grupo, hasta los rotuladores, cartulinas, o la conexión a Internet, etc.
DISTRIBUCIÓN TEMPORAL.
Una vez que el programa está estructurado en módulos, unidades didácticas o sesiones formativas, tendremos que hacer una estimación y distribución del tiempo que tenemos para su desarrollo.
Implica determinar el número de horas de cada módulo (unidad didáctica o sesión formativa), considerando para ello algunos criterios como: volumen de contenidos, índice de dificultad, distribución de teoría y práctica, importancia del módulo o contenidos en el curso, etc...
Es importante temporalizar TODA la secuencia metodológica que hayamos programado, concretando la duración de la menor de las tareas que haya de realizarse. Y plasmar el cronograma en el calendario.
Hacer una estimación lo más exacta posible del tiempo del desarrollo de cada una de las prácticas, técnicas o actividades especificando su duración y/o la hora de inicio y fin.
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